En la vieja Paris!!
Es domingo y Luc se levanta temprano y sale corriendo de su escondite para esperar pacientemente al boulangere. Espera pacientemente y al mirarlo dar la vuelta por la esquina su corazòn salta de alegrìa. Ese momento en el cual veìa la rueda delantera de la bicicleta doblar la esquina le provocaba un vuelco en el corazòn. El boulangere pasa y con una sonrisa le pregunta còmo habìa pasado la noche. "Pas mal, comme toujours on pourrait dire" El boulangere sonrìe y le pasa el pan cotidiano que guarda para èl. No era la gran cosa, era sòlo un pan y sin embargo para Luc era uno de los dos momentos màs sagrados del dìa. Procuraba no devorar el pan para poder disfrutarlo con calma en el escondite acondicionado para tal efecto. No es que alguien quisiera robarle su pan (y lo guardaba como si asì fuera) sino que le gustaba la rutina de saborear cada miga hasta el ùltimo bocado. Al fin y al cabo era todo lo que comìa durante el dìa la mayorìa de las veces. Corrìa despavorido con el pan entre sus manos y al fin llegaba al dicho escondite. Su escondite era dentro de un baùl a la salida de una vecindad donde obviamente no habia niños. Digo obviamente porque si los hubiera habido seguramente no serìa el lugar idòneo para esconderse. Tomaba el pan que a veces era de dulce y a veces una simple baguette (que en Parìs es mucho decir) y lo partìa con suma delicadeza. Lo miraba, lo olìa, analizaba su textura hasta la ùltima partìcula de cada grano de trigo molido y horneado; lo ponìa en su boca con los ojos cerrados para poder absorber hasta el ùltimo resquicio de sabor y al tenerlo ahì cerraba despacio la boca y lo enjugaba con un poco de saliva; masticaba lentamente hasta que no quedara trazo alguno del bocado. El resto de ellos se sucedìan uno a otro con la misma rutina hasta que no quedaba nada. Nada, sòlo el olor mezclado de saliva, mugre y pan en sus manos que a pesar de tenerlas sucias, lamìa con fervor para retomar de ellas el extracto que habìa dejado aquel delicioso banquete.
Al terminar con el pan, Luc se quedaba un rato dentro del baùl casi disfrutando como el pan recorrìa sus entrañas y esperaba hasta no sentir rastro alguno dentro de sì del desayuno. Cuando esto pasaba, lograba animarse para salir del baùl y dirigirse a la plaza. Ahì en la plaza se encontraba el segundo festìn del dia que Luc adoraba, la pelota.

Me gusto mucho, mejor que una foto, mejor que una postal.
Comment by oso — May 26, 2008 @ 9:49 pm